La alegría no llegó. Hay que crearla.


Nací y crecí en una familia en la que, por ambas partes, siempre se ha hablado mucho sobre política: la dictadura, su opinión sobre lo que dicen y hacen personas que son representantes políticos, sobre a quién creerle, a quien no, sobre experiencias pasadas en grupos organizados en función de una causa común, y sobre todo en torno a su postura política: de izquierda.
De todos modos, nunca me obligaron a tomar una postura política muy concreta… me formé de izquierda y me he sentido cómoda con esta postura, pero nunca me sentí representada por ninguna de las personas a las que resaltaban. Por ejemplo, por familia de mi madre estaban muy a favor de la Concerta, creían mucho en ella, y no querían reconocer cómo dichos/as personajes políticos/as seguían privatizando todo lo que pudiera ser privatizado en nuestro país, a beneficio de ellos/as mismos/as y los sectores de grandes empresarios.
Por otro lado, mi familia paterna no creía mucho en las grandes figuras políticas de la Concerta, que supuestamente representaba al sector menos peor de la oferta de representantes políticos… pues siempre estaban hablando del pasado, de Allende, de cómo vivieron la Dictadura, de personas que escondieron en la casa, de las veces que terminaron presos/as después de las marchas, etc. De todos modos, esta parte de mi familia sigue siendo bastante contestataria, mis tíos (la hermana de mi papá y su esposo) siempre se quedan hasta el final de las marchas a tirarle piedras a los pacos bastardos, terminando nuevamente detenidos/as. Mis dos primas también son así, les gusta esa adrenalina, pero a mí no me gusta que me tiren agua con el guanaco, así que siempre corro… solo corro en las marchas cuando todo empieza a ponerse feo y oler mal.
Siento que afectó mucho mi socialización política el individualismo social que nos han infundido: preocuparnos de nosotras y nosotros mismas/os antes que del resto, salvar nuestros propios traseros evitando meternos en problemas, sobre todo si somos señoritas de bien. Siempre fue poco común organizarnos con algún objetivo en común que pudiera beneficiarnos a todos y todas… el consumismo y la tecnología nos han distraído y siguen distrayéndonos de buscar una solución colectiva  a nuestras problemáticas… todo está muy fragmentado… ¿habrá vuelta atrás? ¿existirá un futuro donde haya más organización? Para mí no existe una mejor forma de acercarnos para cambiar algo de nuestra sociedad individualista que no sea la educación, desde esas pequeñas comunidades que se llaman instituciones educativas… las cuales no son únicamente universidades.

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