NoTengoLaVoz pa ra t r a g a r m e l a.


Hay cuerpos más acallados que otros. Nacida y criada en una moral cristiana, culposa, sucia y húmeda. Hay dos lugares clave: la casa y la escuela.
Mi casa era una contradicción, una pugna de fuerzas, trincheras de silencios, tierra inestable donde Dios todo hombre, todo poderoso, era el hilo más delgado por el que se rompían los lazos.
En la escuela Dios era demonio. Dios eligió que las mujeres íbamos un paso atrás, que venimos de una costilla. Una elección que no puede ser inocente. Una elección que no es casual. Nos relegaron al silencio en nombre de Dios. Y dios es sólo un hombre.
El colegio decía que las señoritas no hacían todo lo que teníamos que hacer: Sentarnos con las piernas abiertas, besar, besar, besar, mirar y dibujarnos en colores distintos. Lo noté, lo dudé, pero en la idea de que era un tránsito, de que iba a pasar, de que iba a volar, me decido ahogarme la voz, pa evitarme problemas, ¿pa qué pelear?  
Cuando dije mis ideas, hubo sanción social e institucional, tuve que negociar, mutilarme, ver cómo no incomodar. Se cierran las piernas, se quita el rush y sólo se ponen perlas.
Salí satisfecha y alegre de esa escuela, para cazar la noche, el fuego y el cemento. Encontré una selva que delira entre humo gris, manos calientes y refrescos extraños. Busco el lugar donde mi cuerpo no incomode, donde el taco sea un arma, donde mi saliva no caiga en vano, donde tomarme la palabra me consagra poderosa.
En realidad, lo único que encontré fue lo que siempre ha estado en nosotras; la palabra propia y su absoluto. 
El espacio sigue absurdo y sordo, el espacio está invadido por el plástico sentido común de engaños retóricos y poca consecuencia. El padre sigue sentado en su sillón-trono, discutiéndole a la nada, a uno igual, pero un igual de verdad, con oportunidad. 
¿Y las mías? seguimos alimentando al pueblo, en los rincones ocultos de una casa con cimientos mentirosos y cómo la lengua es un placer negado para nosotras, nos lamemos las heridas entre nosotras y saboreamos las verdades. 
Pero ahí nos quieren, ahí nos han querido siempre; en el silencio.
Salgo a entregar la palabra, a agudizar mi llanto, mi grito, mi dolor. 
Pa mi, pa ellas, para todas nosotras.
Pa ponerle grito a este cuerpo que nació muriendo.
Pa limpiarle el cielo a los cuerpos que nacieron gritando.
Pa que se escuche un orgasmo en todo el universo.  
Pa que le ardan los oídos a Dios.
Pa poder comer, caminar, bailar, llorar, reír,
besar, besar, besar
abrir piernas
lamer sabias
Y que se retuerza en su tumba la patria asesina del Cristo.



Reflexión en torno a la escuela y la socialización. FD. 

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