TERESA PRATS DE SARRATEA
Y ella no está y por más que hay sol y primaveras,
es la verdad que soy más pobre que mendiga.
Aunque en febrero espónjanse las parvas en las eras
el sol es menos y menos luz la espiga.
Era la mansa, la silenciosa, la escondida,
y de la carne sólo llevaba la apariencia;
pero cuando ella hablaba se hacía honda la vida,
el saberla en el mundo limpiaba la existencia.
Tenía aquellos ojos enormes que turbaron
como brochas trágicas del infinito. Pienso
que arriba donde se abren de nada se asombraron:
todo lo habían visto, lo mínimo y lo inmenso.
Estaba más cansada que el que marcharse treinta
siglos por una estepa que el sol tremendo inunda.
Era todas las fuentes y se hallaba sedienta;
era también la fuente y estaba moribunda.
Yo no pregunto ahora si es lámpara o ceniza.
Como la sé gloriosa la canto sollozando;
pero lloro por mí, mezquina e indecisa,
que me mancho si caigo y que vacilo si ando.
Su huesa aroma más que esta acre primavera;
su rostro es el sereno del que por fin ha visto.
Se que limpiase mi alma si hacía mí lo volviera;
se que si abre los ojos me entrega entero a Cristo.
- Gabriela Mistral
( en Poesías Completas.Santiago-Chile: Editorial Andrés Bello, 2001)
es la verdad que soy más pobre que mendiga.
Aunque en febrero espónjanse las parvas en las eras
el sol es menos y menos luz la espiga.
Era la mansa, la silenciosa, la escondida,
y de la carne sólo llevaba la apariencia;
pero cuando ella hablaba se hacía honda la vida,
el saberla en el mundo limpiaba la existencia.
Tenía aquellos ojos enormes que turbaron
como brochas trágicas del infinito. Pienso
que arriba donde se abren de nada se asombraron:
todo lo habían visto, lo mínimo y lo inmenso.
Estaba más cansada que el que marcharse treinta
siglos por una estepa que el sol tremendo inunda.
Era todas las fuentes y se hallaba sedienta;
era también la fuente y estaba moribunda.
Yo no pregunto ahora si es lámpara o ceniza.
Como la sé gloriosa la canto sollozando;
pero lloro por mí, mezquina e indecisa,
que me mancho si caigo y que vacilo si ando.
Su huesa aroma más que esta acre primavera;
su rostro es el sereno del que por fin ha visto.
Se que limpiase mi alma si hacía mí lo volviera;
se que si abre los ojos me entrega entero a Cristo.
- Gabriela Mistral
( en Poesías Completas.Santiago-Chile: Editorial Andrés Bello, 2001)
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